La Madre Naturaleza no es Sabia; es un Mal Bicho

Aunque en el artículo se habla de la naturaleza como si se tratara de un ser consciente, no lo es. Simplemente es una forma de metaforizarla para que el lector comprenda mejor cómo funciona el medio ambiente.

“La madre naturaleza es sabia”; seguro que habéis oído alguna vez esa frase. Normalmente se suele utilizar cuando encontramos comportamientos o sucesos entre seres vivos que a nuestro parecer son lógicos, como que el más fuerte consigue siempre a las hembras porque así sus hijos serán más fuertes o que los seres híbridos (fruto de la cópula entre individuos de distintas especies pero que han conseguido tener descendencia) sean estériles. También es común aplicarla cuando nos hacemos conocedores de cierto comportamiento a nuestros ojos estúpido o imprudente, como el tipo que se murió dejándose picar por su viuda negra para obtener inmunidad al veneno, o tu amigo que intenta ligar los fines de semana profiriendo frases obscenas a sus víctimas con fines de aparearse y obteniendo a cambio y de manera sistemática respuestas negativas. No sé quién ha sido la persona que ha pronunciado dicha frase; de lo que estoy plenamente segura es de que no era biólogo.

Empecemos por el principio: ¡¿Madre?! ¡¿En serio?! ¡Y la gente lo dice con orgullo! Como si fuera un honor ser hijo de esa malnacida. Vale, venimos de ella y por eso es madre y bla, bla, bla. El problema es que como madre es pésima. Estoy segura de que todos tenemos el concepto de madre de una persona amorosa, compasiva, amable y generosa. La naturaleza no se corresponde con eso; ella es sádica, psicópata, malvada y cruel. Nos pone en este mundo y no nos hace la vida fácil; más bien trata de ponernos todo tipo de obstáculos, a ver si los superamos: depredadores, condiciones atmosféricas hostiles, escasez de alimento, escasez de agua, etc. No se trata de un juego en el que si ganas te dan un premio, sino que la victoria es vivir. Nos obliga a enfrentarnos unos con otros, a comernos, incluso a competir por ver quién es el mejor. Ella simplemente hace de espectadora, como si estuviera viendo una lucha entre gladiadores o una corrida de toros. ¿Intervenir? ¿Para qué? Ella ve que sus hijos llegan a las manos y no se quiere perder el espectáculo. A ser posible, echa más leña al fuego: “Hum…Veamos qué tal se apaña la gacela con esa pata infectada para huir de la leona” o “¿Qué tal si me quito a los lobos del medio y hago que los alces se reproduzcan de forma descontrolada? ¿Es posible que esas apetitosas plantas lo pasen peor? ¿Harán algo para evitar que las coman?”. ¿Qué clase de madre hace eso? Una mala madre, claro.

Por otro lado, ¿sabia? Basándome en las definiciones de la RAE, ¿qué conocimientos profundos tiene la naturaleza sobre qué materia? ¿Sobre la propia naturaleza? Es ridículo: ella es quien crea las reglas; no necesita estudiarlas. ¿Prudente? Creo que no es necesario más que lo que anteriormente he comentado para darse cuenta de que sus actos no pueden calificarse de ese modo.

Claro que no vamos sólo a quejarnos de ella, sino que lo bueno hay que decirlo también; en algunos casos nos obliga a permanecer unidos en lugar de enfrentarnos. Trata de que nos ayudemos unos a otros para superar una mala situación, como en el caso de los lobos, las hormigas o nosotros mismos. La madre naturaleza crea lazos entre ciertos hijos suyos, les enseña a compartir y a unir fuerzas; a ser especies sociales. También despierta en algunos casos nuestro interés por ayudar al distinto, al desvalido, al que no tiene el poder para salir de esa situación por sí mismo; nos hace ver que sin él, nosotros también podríamos desaparecer de este mundo. Nos cuenta que no puede existir un mundo con una única especie, que todas nos necesitamos, y es entonces cuando surgen las medidas ecologistas. Tampoco nos deja totalmente desprovistos; todos tenemos algo para pasar las malas épocas. En nuestro caso, tenemos el cerebro, que nos sirve para construir elementos que nos aseguren la supervivencia, como herramientas, armas o casas.

Así que, por un lado nos azota con un látigo y por otro nos anima a aguantar el dolor. Por tanto, ¿qué podríamos sacar en conclusión? La realidad es que no sé si la madre naturaleza es buena o mala, pero bipolar un rato. Y, francamente, ahora tengo el azúcar del cerebro bajo mínimos. Ahora voy a inflarme a chocolate; os dejo que penséis en lo que acabáis de leer y que reflexionéis acerca del mundo, y la vida, y la complejidad del pensamiento humano, y otras cosas profundas y trascendentales.

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